viernes 22 de junio de 2007

MI ABUELO MANUÉ


Plaza de España en Sevilla.
La obra cumbre de Aníbal González, realizada para la Exposición Universal de 1929; visita obligada de turistas y, últimamente, centro de celebraciones, exposiciones y eventos de toda índole, que con sus montajes de camiones, carpas y escenarios decoran este enclave maravilloso con elementos tan modernos que desentonan "como un santo con dos pistolas" (como diría mi madre).

Hoy he pasado por allí a media mañana, y me he encontrado con una inmensa carpa blanca delante de la fuente, y que la oculta de la vista del paseante en su totalidad. No he parado a ver de que se trataba, pero es de suponer que se trata de algún tipo de promoción autorizada por nuestro Ayuntamiento para darnos a conocer al mundo. Aquí lo acogemos todo.

A todos nos gusta que se hable de nuestra ciudad fuera de ella, y que se hable bien. Pero igual que hablarán estos promotores, hablaran también los cientos de turistas que en ese momento desembarcaban de una docena de autobuses para visitar la Plaza, y que se encuentran con ese armatoste blanco resaltando sobre los tonos ocres del recinto. "Precioso". No tendrá Sevilla otros sitios más adecuados para instalar este tipo de cosas, y quedar igual de bien con quien lo instala.

Mi abuelo Manué trabajo en la construcción de la Plaza, contratado para la instalación de la "luz eléctrica", que era un lujo para la época, aunque al final, como pasa siempre, tubo que hacer de todo: poner azulejos, rematar los techos con madera, excavar el estanque...en fin un poco de todo; ¿os suena?. Pero no le pesó. Al final la obra bien hecha se impuso sobre todos los sinsabores. Él nos enseñó a quererla y a disfrutarla.

Teníamos un burro, con su cochecito, que daba vueltas, incansable, alrededor de la fuente, para disfrute de los niños; bicicletas y triciclos de alquiler, (porque no todos podíamos tenerlas de propiedad) donde aprendimos a montar miles se sevillanos; el canal que la rodea, para hacer nuestros primeros pinitos con los remos y vacilar delante de las chavalas que nos acompañaban las mañanas de los domingos; nos sirvió mientras duró la Feria de Abril en el Prado para comernos los filetes empanaos y la tortilla de papas, embueltos en su papel de estrasa de rigor, y su caja de zapatos, en sus bancos con los escudos de todas las provincias como fondo. En fin, bonitos recuerdos de infancia y adolescencia.

Abuelo, si paseas por allí, no te asustes, porque aunque la tapen con todos los cachivaches del mundo, tu Plaza de España siempre seguirá como la ideó tu maestro de obras en la memoria de muchos sevillanos para mayor gloria de Sevilla.